Una mañana de resaca.



«Y la muerte

se me precipitó garganta abajo

(…) y me sentí culpable

por el cisne

como si la muerte

fuese algo vergonzoso».


Ch. Bukowski.

Hoy he amanecido a las 12.30 de la tarde. Mi cuarto era una leonera. Me escondí debajo del edredón. Algunas veces tengo miedo de despertar y comprobar que todo sigue como siempre. Hay un pulmón que duele un poco más al incorporarme. Ya nada huele a tabaco. Tampoco tengo ya dieciséis años. Pero me he despertado y me he sentado entre todos los signos inequívocos de mi resaca, y me he pintado tres uñas de colores. Tres nada más. Y ya. Nada más.

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